Familiares y vecinos hablan del sacerdote Vidal Antonio Cervantes Chan (1951-2022) en entrevistas que concedieron en Telchac Pueblo, tierra natal del difunto presbítero

No solo fue sacerdote; también escritor, boleador, panadero, operario, jaranero, guitarrista, vaquero, torero, jardinero, taxidermista, profeta en su tierra…
Fue noticia por el lugar y las circunstancias de su muerte, pero leyendo los archivos del Diario de Yucatán y escuchando a sus familiares y otras personas que lo conocieron en su tierra natal, uno piensa: “¡Qué vida! ¡Sí que vivió! y ¡vivió intensamente!”.
Su nombre fue Vidal Antonio Cervantes Chan. Su voz se escuchó por primera vez en este mundo en una casa de Telchac Pueblo el 17 de enero de 1951, en una época cuando las mujeres daban a luz en su propio hogar con la ayuda de una partera.
Nadie lo sabía entonces pero esa voz ya había sido elegida para el reservado privilegio de multiplicar el mensaje del amor y la esperanza desde el preeminente altar del sacrificio de Cristo.
Su mismo nombre fue una profecía. Vidal, “el que da vida” o “el lleno de vida” en latín, en honor de su padre. Antonio, “valiente” en latín, porque nació el 17 de enero, día del santo abad Antonio, patrono de los animales, también conocido como “El grande” y Anton.
El padre Vidal fue el penúltimo de los siete hijos de los esposos Martina Chan Puc y José Vidal Cervantes. Fue hermano del también hoy difunto Celso, Marciano, Candelaria, Juana Francisca, Rosa María y la hoy finada Tomasa. Desde hace años, los hermanos emigraron a Cozumel, su nuevo hogar.
El padre Vidal fue monaguillo y apenas terminó la primaria en Telchac Pueblo ingresó al Seminario en Mérida, tenía 12 años de edad, relatan su hermano Marciano Cervantes Chan, de 83 años, y los también familiares Rosa María Chan Ku, Danna Hassel Chan Chan, Manuela de Jesús Segura Pulido, Fidelia Chan Chi y Feliciano Poot Martín, en entrevista tras el último rezo del ochovario en la casa familiar en Telchac Pueblo.
Aunque a temprana edad descubrió su vocación sacerdotal, el padre Vidal durante su formación fue panadero, boleador de calzado y operador de maquinaria del raspado de henequén, revelan con sonrisas en los labios y ojos al recordar a “Anto”.
Pescador de católicos y de peces

A los 27 años de edad fue ordenado sacerdote, y durante su labor pastoral fue también pescador ribereño ocasional. “Se iba al mar con los pescadores de Dzilam (de Bravo) y Santa Clara (Dzidzantún)”, cuando atendió a ambos puertos.
Cuando estuvo de párroco en Cenotillo descubrió el gusto de montar a caballo. Desde entonces, en su natal Telchac “cuando coronaba la plaza de toros para la fiesta anual, él entraba a caballo”, rememora Rosa Chan. “También entraba al ruedo a torear”.
Por lo que narra la familia, el padre Vidal fue un hombre de pueblo, compartía la vida de la gente, ejerció el sacerdocio comunitario y fue un espíritu libre y decidido a la acción, difícil es imaginarlo inactivo.
“Le gustaba la cacería, tenía una escopeta con la que se iba a cazar; era jardinero, podaba y dejaba bonitas las plantas; le gustaba tomar fotografías”. De esto dan prueba el patio lleno de grandes árboles y pequeñas plantas de un verdor refrescante, así como los álbumes repletos de imágenes del padre Vidal con familiares, de su vida sacerdotal, de él con el traje típico de Yucatán en Roma, a donde viajó en 2000 para un curso, y con vecinos los que iba de pesca, de paseo o compartía el coso, entre otros.
Por si fuera poco, sus pasatiempos incluyeron el embalsamamiento y la taxidermia. Don Marciano pide se le tome fotos a un frasco donde su hermano embalsamó un feto de ganado; la familia también muestra con orgullo un pequeño cocodrilo que el padre Vidal trajo de Dzilam de Bravo, disecó y le puso un pollito, también disecado, entre las fauces.
Futbolista y karateca

En deportes, el padre Vidal fue basquebolista y, sobre todo, futbolista, primero con sus amigos en su pueblo natal y luego en el equipo del Seminario Mayor junto con otros sacerdotes como Lorenzo Mex Jiménez, José Narváez, Fabio Martínez Castilla (obispo), Jorge Villegas Blanco y Miguel Parra Martí, según los archivos del Diario.
También fue karateca, estaba en el Seminario cuando obtuvo el cinturón negro, dice la familia mientras muestra fotos del padre Vidal.
“Profeta en su tierra”
Como sacerdote incluso fue “profeta en su tierra”, como dijo el entonces obispo auxiliar Rafael Palma Capetillo al darle posesión como párroco de Telchac Pueblo en misa del 24 de febrero de 2006. Su labor de párroco en su tierra natal concluyó en 2008.
El padre Vidal fue el segundo de los tres sacerdotes que Telchac Pueblo ha dado a la Iglesia Católica. Su primo Eudaldo Cervantes Pech, ordenado sacerdote en 1965, fue el primero; el tercero es Félix Olavo Tec Chi, ordenado en Nuevo León en 2005, de acuerdo con una feligrés y Fulgencio Reyes Caamal, sacristán durante 25 años, entrevistados en la parroquia San Francisco de Asís en la cabecera municipal.
“Fue un buen sacerdote”, dice la feligrés, quien señala otro lado humano del padre, su lucha con el alcohol.
“Fue un buen sacerdote, ayudó a la gente, se llevó bien con la gente; aquí, en Telchac, era respetado y apreciado; a mí me trató bien”, sintetiza a su vez el sacristán cuando se le pregunta cómo era el padre Vidal.— Flor Estrella Santana
*En la galería que acompaña a esta nota el lector puede encontrar más imágenes fotográficas que compartió la familia sobre la vida del padre Vidal.
Fuente Diario de Yucatan













